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enero 03, 2011

5 formas de deshacerte de tu balanza

Balanza malvada
Se acaban las vacaciones y llega el fatídico día en que desenpolvamos la desdichada balanza, hasta ahora convenientemente olvidada en algún rincón del cuarto, y nos proponemos a pesarnos, sabiendo que no nos gustará lo que veremos, pero con una estúpida esperanza de que "no será tan grave". Pero SÍ es.


Obviamente, todo es culpa de la balanza. Ella, tan tranquila allí, siempre lista para darnos esa puñalada por la espalda. Si estamos haciendo dieta, empezamos a ver resultados y, un día como cualquier otro, cuando estamos más contentos, nuestra balanza decide darnos una mala noticia. Luego, por días y días, no se le antoja cambiar de valores, y luego nuevamente vuelve a recordarnos que tenemos unos cuantos kilitos de más...

Mi balanza es igual, así que desde ayer estuve pensando en cómo deshacerme de ella, y se me han ocurrido algunas ideas:
  1. Lanzarla por la ventana (sólo útil si vives en un segundo piso, o más arriba).
  2. Ahogarla en la bañera (obvio, tienes que tener bañera).
  3. Dejarla casualmente olvidada en el garage, detrás de la rueda del carro (puedes dejarla en el garage de algún vecino, si no tienes carro).
  4. Meterla al horno (encendido, claro está) (no me responsabilizo por daños domésticos).
  5. Regalársela a la vecina (sí, a esa, la que no soportas).
Finalmente, he decidido no hacer nada, y dejar a la pobre balanza otra vez escondida debajo de la cama (espero que no salga a espantarme en las noches). La verdad es que amo y odio a mi balanza. Ella me dice siempre la verdad, pero es la verdad desde su punto de vista. Es decir, ella sólo puede decirme cuál es mi peso EN EL MOMENTO en que la estoy usando. Si casualmente en ese momento no he ido al baño, o por alguna razón estoy reteniendo líquidos, mi balanza no lo sabrá. Ella tampoco sabrá si mi aumento de peso se debe a que he ganado algo de músculos. Y si he perdido peso, ella no sabe decirme si es porque he quemado grasas, o simplemente porque el día anterior comí muy poco.

La verdad es que la pobre balanza no tiene la culpa de que le achaquemos todos nuestros éxitos o nuestros fracasos. Lo mejor sería tener alguna información adicional, menos variable, sobre nuestro progreso, como tomarse fotografías, mirarse en el espejo, tomarse medidas, y medirse el porcentaje de grasa. Eso nos podría dar más información sobre nuestra composición corporal. Y como el cuerpo no cambia de composición de un día para otro, quizás lo más sensato es utilizar la balanza menos seguido, tal vez sólo una vez a la semana, y evaluar los resultados a lo largo de varias semanas.

Bueno, se salva mi balanza... por ahora.

Más bien voy a segurarme de comenzar a hacer algunas cosillas de manera diferente este año, a ver si enciendo nuevamente mi metabolismo y pongo a mi cuerpo a quemar esa grasa de más. Por el momento, voy a concentrarme en retomar mi ritmo de alimentación (mis comidas y mis meriendas a las horas que debe ser) y de sueño (al menos 7 horas y media cada noche), además de asegurar comer vegetales y proteínas con cada comida, comer muchas proteínas al desayuno, y beber mínimo tres litros de agua diarios.

Creo que con eso, y retomando mis ejercicios de resistencia con pesas en el gimnasio, ya tendré mejores ánimos para verme nuevamente con mi balanza la próxima semana.

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