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junio 13, 2012

¿Por qué siempre hay espacio para el postre?

Hoy volví a comer postre en el almuerzo.

Ya llevo más de una semana haciéndolo, y por más que me he propuesto firmemente parar mi adicción fallo catastróficamente cada día.

Es verdad que con el embarazo se me hace un poco más difícil ceñirme a mi alimentación hipersaludable (por ejemplo, tengo menos energía para preparar la comida en casa y llevármela al trabajo), pero esto está llegando demasiado lejos...

Hoy, por ejemplo, no tenía casi hambre al ir a almorzar a la cantina de mi trabajo, pero eso no le impidió a un descarado crumble de grosellas y banana atravesarse en mi camino y hacerme, una vez más, comer un postre lleno de harinas y azúcar, bien malo para mi salud y mi línea.

¿Te ha pasado alguna vez esto? ¿Pierdes todo intento de comer más sano ante la presencia de algún malvado pero extraprovocativo dulce?

Alégrate, no es que tengas poca fuerza de voluntad.

Hay una razón científica para que siempre haya espacio para el postre (¡y una forma de controlarlo!).

¿Por qué estás comiendo?


Voy a contarte cómo liberarte de la "necesidad" de comer postres pecaminosos en cada comida, pero antes vemos por qué caemos víctimas de estas situaciones.

Aunque nuestra mente calculadora y bien educada nos diga que tenemos que comer porque necesitamos los nutrientes y las calorías para poder funcionar, la realidad es que, en un nivel más profundo, usualmente comemos por placer.

La comida nos gusta, es sabrosa y nos hace sentir bien. Todos comemos porque es sabroso (bueno, excepto mi esposo... él come lo que sea y le da igual si está bueno o no).

Sólo es química...


Bueno, más bien bioquímica.

Resulta que ese "placer" que nos da la comida, y especialmente nuestra comida favorita, se debe a la liberación de dos neuroquímicos en particular: 2-araquidonoilglicerol y grelina. Éstas son sustancias que tienen una acción en nuestro cerebro y, en este caso, regulan el sistema de recompensas del cuerpo.

Un grupo de científicos de la Universidad de Naples, en Italia, encontró que los niveles de estas dos sustancias aumentan cuando comemos las comidas que más nos gustan, pero no cuando comemos otras que nos resultan menos apetitosas.

Lo que ocurre entonces cuando se liberan estas sustancias es que tu cuerpo "ignora" la señal de que ya estás lleno, y activa el sistema de recompensas independientemente de que ya hayas comido todo lo biológicamente necesario.

¿Cómo hacer para liberarte?


Pues liberarte como tal no es posible (no puedes decirle a tu cuerpo que no secrete un neuroquímico determinado), pero sabiendo lo que acabo de contarte al menos tienes un As bajo la manga ;)

Primero que nada, tienes que tener muy claro que las comidas ricas en carbohidratos (ya sea en harinas o en azúcar) son un peligro porque son precisamente esas las que nos gustan más. Además, las más ricas vienen con una mezcla de carbos y grasas que es malísima para la línea.

Ésta es una prueba más de que los alimentos ricos en carbohidratos, aunque son muy ricos, son drogas.

Para sacarte la adicción, lo mejor es seguir un plan de alimentación bien estructurado con el que puedas aprender a comer saludablemente mientras que te deshaces de cualquier exceso de grasa que puedas tener.

Para eso, dependiendo del caso, recomiendo en general chequear programas como Comer para Perder (para quienes quieren adelgazar) o La Verdad sobre los Abdominales Marcados (para quienes quieren tonificar), o incluso verse con algún profesional para una Consulta Nutricional Personalizada como las que yo misma ofrezco.

Pero eso no significa que no puedas comenzar desde ya y sin gastar ni un céntimo a mejorar tu alimentación.

Sabido eso, ten presente el resultado primordial del estudio del que te acabo de hablar: cuando comemos por placer, estamos más expuestos a que algún postre rico en azúcares y/o harinas nos secuestre la voluntad (mmm... ahora entiendo por qué mi esposo no sufre de este problema).

Entonces, trata de que cuando vayas a comer por placer no hayan muchas opciones de alimentos poco saludables, pues de lo contrario es más probable que termines comiendo más de la cuenta justamente de aquello que es preferible evitar.

En el día a día, sigue disfrutando tu comida, pero no te pongas mucho en una onda "placentera" si, como yo, comes en un restaurant o cantina en el que hay muchas opciones de postres deliciosos y pecaminosos.

Así que la moraleja te la doy en una frase que puedes Tuitear:

Recuerda siempre que comes para nutrir y alimentar tu cuerpo, no para envenenarlo (=> Tuitea esto).

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